Hay perros que se te cruzan en el camino y ya no puedes olvidarlos. A Pandora la conocimos así: una sombra negra en el arcén, en una de las curvas más peligrosas de la carretera, mirando pasar los coches.
Una sombra negra en una curva peligrosa
Sergio y Andrea, de nuestro equipo, la vieron por primera vez en su camino diario al trabajo. Estaba sola en el cruce donde la carretera, una carretera de muchas curvas y transito; motos, coches y camiones de carga a la entrada de la alpujarra almeriense. Un punto donde los coches llegan rápido y con poca visibilidad.
Al día siguiente volvía a estar allí. Y al otro. Cada vez más delgada, dando vueltas sin rumbo, como si esperara a alguien que no iba a volver y a su vez sin fiarse nadie. Era cuestión de tiempo que un coche no llegara a frenar a tiempo.
El día que se dejó ayudar
Desconfiada, rápida y lista, durante días no dejó que nadie se le acercara. Hasta que una mañana la encontraron más tranquila. Probablemente estaba ya muy débil, agotada de sobrevivir sola y con lo justo.
Esta vez no salió corriendo. Se dejó acercar, se dejó tocar y, por fin, se dejó ayudar. Ese día empezó su segunda vida.

Una segunda oportunidad
Pandora llegó a una de nuestras casas de acogida, donde por primera vez en mucho tiempo tuvo comida, una cama y alguien pendiente de ella (Elena). En el veterinario nos dieron la noticia que nadie quiere oír: tenía leishmania. Pero también descubrimos que tenía unas ganas enormes de vivir.
Poco a poco fue apareciendo la perra que llevaba dentro: noble, cariñosa, feliz cuando tiene espacio para correr… y con un pequeño espíritu de escapista que nos ha sacado más de una sonrisa.

Así sonríe hoy
Han pasado varios meses desde aquella curva. Pandora respondió al tratamiento mejor de lo que nadie esperaba y hoy está recuperada y preciosa. Las marcas que aún asoman alrededor de sus ojos son el recuerdo de lo que pasó, y cada día se notan menos.

Lo que falta en su historia
A Pandora le sigue haciendo falta comida, cuidados, cariño. Aunque lo que mas falta le hace: una familia para siempre. Los perros adultos, y más si han estado enfermos, esperan mucho más tiempo que los demás. Pero ella sigue esperando con la misma mirada de aquella mañana.
También necesita terminar sus tratamientos veterinarios, un electro cardiograma ya que se le detecto un soplo cardiaco y su castración.
Su historia pudo terminar en el arcén de una carretera. Si hoy sonríe es porque alguien decidió parar el coche, y porque muchas personas, sin conocerla, hicieron posible su rescate, su veterinario y su recuperación.
Tú puedes escribir el próximo final feliz
Cada día hay otra Pandora esperando en una cuneta. Con tu ayuda podemos llegar a tiempo.
¿No puedes donar ahora? Compartir su historia también ayuda: puede que su familia esté entre tus contactos.